El estilo, la convicción, el exceso.

Cuenta la leyenda que en 1940, con Paris ocupada por los nazis, un oficial alemán, ante la foto de una reproducción del Guernica, le preguntó a Picasso si era él el que había hecho eso. El pintor respondió: «No, han sido ustedes».

 

No existe parangón posible hoy con ambos actores, ni con el soleado Picasso, ni con el ejecutor de la máxima abyección como la del tercer reich. Nada hay como tal.

Pero si existen, y esto es una lacra permanente y universal, la voluntad de desviar la responsabilidad, y camuflar esa insensatez en una nube achispada de militancia. Ayer, en un Pleno típico (eso es lo peor, la normalización de la hostilidad), una Concejala Socialista, en relación al abandono temporal del Salón por parte de los integrantes del Grupo Municipal del Partido Popular, reflexionaba viva voz sobre el responsable de tal idea, el artífice de la huida, el instigador de la decisión de salir de la sala. Y apuntaba a Génova, a Sol, a todos los autores inspiradores que permite el imaginario progresiesta, zZZZzzzZzZ,  pero no se percató de que la respuesta estaba a su lado. El que pinta este cuadro es Pedro Castro. Él, con sus pinceles de despotismo y autocracia.

Tiempo de chirigota: “Esto es Getafe, y algun@s tienen que mamar”

Mazara del Vallo, Monumento al “Milite Ignoto “, soldado desconocido:

Getafe, Monumento al Padre desconocido:

Más allá de la valía del artista (mérito enorme el suyo, daría las manos por esculpir apenas un busto), es el reflejo fidedigno de muchas parcelas históricas de Getafe. Falta de fe. De sensible épica. Carencia de alternativa. No la busquéis. No existe.

Creo que he sido claro.

¡Niño, súbemela al 4ª B!

Un descubrimiento. Post radical sobre la cuestión política.

Los suicidas son regla estándar en política, pero no son como intuía; ni en el fondo, forma ni número.

Erróneamente, pensaba que había pocos kamikazes, que lo timorato del medioambiente estratégico no permitía grandes lucimientos valerosos. Creía que la actitud del que detona su cuerpo en mil palabras de verdad era un comportamiento inherente a los que anhelan la justicia. Siempre creí que esos eran los suicidas políticos, que de vez en cuando aparecen como un antídoto en una política barbitúrica, y entregan su mirra para salvar al mundo. En distintos niveles, en variadas épocas, surgen, ahí están.

Menuda sorpresa y liberación el conocer la verdadera jaez del bonzo ideológico. Lo que antes emparenté con el suicidio, hoy sé que es una visión contestataria y no plegada a los dictados de la ambición, una clara casta de hombres y mujeres proféticas, pero no suicidas. Es la obligación de toda persona involucrada en el ejercicio de la política el no arredrarse, hacer gala de franqueza y, si hubiere enconamiento, siempre éste a luz del día, no en la privacidad lóbrega. Ser siempre el mismo templo. Por eso he manifestado aquí mi apoyo a gente como Manuel Cobo. Y lo seguiré haciendo mientras las bipolaridades morales persistan.

El concepto romántico del kamikaze japonés ha devenido en la realidad del fanático musulmán con cinturón bomba. Ambos son sinónimos: fatalidad, miseria, cobardía, muerte, fin. Por eso nunca más entenderé ese estadio de despreciables figuras como un noble conjunto de abnegados miembros comunitarios. Los suicidas políticos, quede claro, son los que, escondidos tras una militancia atroz, sin riesgo de fisura, vampirizan las organizaciones, las pretenden como exclusivas, y a base de mandoble y coerción, son el herpes iletrado y presa del analfabetismo autómata de los partidos políticos. La plaga suicida que mata un colectivo político; a corto plazo, aniquila la organización y las demandas de los votantes. A medio plazo, las ladillas mueren con su propio veneno, porque tan institucionalizada está la camorra del (falso) ideal, que vendrán mamporreros más malos, más chungos, más pencos, que los engullirán. Tenedlo bien presente.

El salir con los pies por delante, con la boca sembrada de verdad, y el corazón limpito, es de santos varones e inmaculadas mujeres. Ahí se pudran los suicidas, comiendo sus propias vísceras. Que el Infojobs les pille confesados.

 

No tengo tacto, lo sé. Si acaso, rectal.

Aún cuando presumo de ortodoxia en mi activismo permanente, de pasado borrokoliberal de baja intensidad, la fatiga me desanima en determinados momentos, y ni frío ni calor. Hablaré de lo que tienes enfrente, pues.

Al iniciar esta andadura bloguera creí que hablaría del fondo político, al que tengo desde hace tiempo arrinconado en el armario. Eso que llaman ideología o afiliación dogmática, la tuve por años sólidamente aposentada en mi interior. Y la desterré porque, cuando me auto tildaba como liberal, comprobé como aquellos etiquetados igualmente, que fustigaban a los delegados sindicales, que empotraban como un ariete la libertad económica, y que preconizaban un mundo que rayaba en lo kropotkiniano, con una exigua existencia de lo público, realmente exprimen el welfare state, viven de la recomendación, del alma por el plato de lentejas (y como peces, lo olvidan segundos posteriores, y vuelven a hablar de meritocracia). Felaciocracia digo yo.

Al visionar el tendido contrario, detecté la doble velocidad humana, por un lado, la de los discursos que rasgan las vestiduras, que levantan en columna activa a los famélicos del mundo, y por otro, el disfrute secreto de las opresiones propias de la burguesía, en su revolucionario lenguaje. Y estos esquejes cínicos del capitalismo son más nocivos si cabe.

La intención, insisto era revelar el mosto yema del credo del servicio público, pero al comprobar que esos fondos son movedizos, pasé a evaluar en un estricto camino las formas, el método en el que la clase política se expresa o debe expresarse. Y acaban siendo estos modos gramaticales en los que se sube el politiquerío tan, digámoslo, anodinos, de agresividad roma, que por ahí no iba hacer ganancia. Fuera, a otra cosa, compadre.

Intuyo que este blog, más que un panel en el que exhibirse y dar rienda suelta a la ovejita que todo político lleva dentro (“vecino, I love you”), se ha convertido en la consultoría de las maneras en política (del enterismo en el quehacer programático, sí, sí). En valoración subjetiva, con un puntito inequívoco de enconamiento, en reflejar al profano en la materia política que muchas de sus sospechas son fundadas, y al profesional de carrera, que sus hábitos deben ser públicos si desea ganarse el buen juicio ciudadano, naturalmente.

Hay personas que viven el 24/7 de la política. No los descifrareis por el enojo, sino porque hablan sin tapujos con una copa en la mano o sin ella, disfrutando de su valentía. Por encima del fondo y la forma, gente consecuente y coherente.

¿Y esto porqué viene a cuento? Para celebrar que no es Navidad, extrañables fiestas.

Paz en la tierra.

Me quedo con la derecha

Cambia la de la izquierda por la de la derecha. La barbarie por occidente.

¡Vivan los resfriados! Democráticos y liberadores.

Blowin´ in the wind

Si la tierra no es de nadie, si la tierra es del viento, el viento son las orejas los bolsillos de algunos en movimiento.

Presidente de chufla tenemos.

Zagala escandalizada frente al ventoso concepto de Zapatero

Porque somos señores, y bebemos en copa de balón.

Estoy que lo tiro, a pesar de estas jornadas laborales de 12 horacas. Después no os soprenda que deteste la Navidad, y me decante por la Janucá.

J´accuse

¿Y si a Zapatero le rompiesen el tabique con una figurita repujada en bronce evocando a Millán Astray en sus años mozos bifocales? ¿Qué pasaría?

Pues sería una barbaridad y merecería la más enérgica condena. Eso, y no medias tintas de merde.

Sanex moral

Plagiando a Don Jacinto, yo si cedo el paso a necios. Al fin y al cabo. vía libre, enterita para ellos, alma mía.

Pero el espacio no lo comparto.

El cordón higiénico, que dicen, bueno para mi alma, y bueno para mis nalgas.

¿Te has enterado? Pues entérate.

Luz y taquígrafo

Zapatero pide prudencia y discreción. Moratinos pide prudencia y discreción. Con prudencia y discreción se gobiernan las sociedades miedosas, por régimenes totalitarios.

De Esparta a Berlín.

Light my fire.

País de bagatela, ¡bah!

No soy sospechoso de promover asesinatos de ecosistemas, de defender tesis desarrollistas que hagan prevalecer el beneficio antes que el amor a Pangea, más bien me caracterizo por ser el ecologeta que gusta de la tierra con jara y el mar sin sedal. Pero albricias, expresiones como la siguiente, oída en la oficina en plena vorágine administrativa, obligan a replantearnos que la pasión en defensa de la naturaleza nos nubla otras tantas veces el planteamiento lógico:

 

“El cambio climático es lo que tiene, que ahora nieva en Madrid, en invierno”

 

La falta de información y de bases científicas sólidas acaba desvirtuando causas nobles y, lo que es peor, otorga una credibilidad no merecida a los evangelistas de causas infames. Decían en los setenta que el fumar no mataba, y el fumar mata, dicen que Irán es pacífico, y mañana tragaremos fisión, y algunos señalan que no hay cambio climático, pero claro, cuando en “Madrid nieva en invierno”, algunos se van a creer que es verdad.

Vivimos una época extraña, y que no resulte recurrente ni obvio, pero creo sinceramente que la culpa la tiene Zapatero. No, en serio, diréis que ya está el PePero profundizando en la demagogia malamente construida, pero si el Comandante en Jefe de una nación se permite enarbolar gansadas verbales, el correlato lógico es que el pueblo no sólo las repita al unísono, sino que innove nuevas boutades y, lo que es peor, nadie lo refute. Ni aunque nieve cuando y donde tiene que nevar.

Carajote!