No es práctica usual el que haga eco de reflexiones externas en esta página. Los motivos, variados, y los detallaré todos ellos para resaltar el contenido del artículo expuesto hoy. No copio y pego por una permanente tendencia de rechazo al cross linking; navega, descubre, aprende, y reinicia el ciclo. Eso es Internet, una placentera relación a dos, donde, a veces, para facilitar el deleite ajeno, facilitamos la tarea vía enlace compartido. Pero prefiero la bigamia tecnológica, igual que soy de centro y no de derechas, que quieres que te diga. No reverencio opiniones por pereza, y por un marcado sentido de la (obligada) construcción de la imagen textual, es decir, cada párrafo alberga una superación del contenido para ser un planteamiento esculpido en Arial, 10 puntos. Un blog, supongo, es no hablar en pretérito ajeno. ¿Vanidad? Yeah. No pretendo engañarte. No hallo tiempo para relatar historias, el que dispongo lo empleo en conocer nuevas andanzas para contarlas mañana, cuando ya no tenga tiempo. ¡Qué paradoja laberíntica! Y como es evidente, hoy discrepo hasta de los puntos y aparte.
Pero opiniones como la que sigue quedan sublimadas en la memoria, por la sencillez en su análisis, que dejan ahítos, auténticamente colmados tras su lectura. Una apacible descripción que cobija una rabia inusitada frente a la estulticia política. Carmela Díaz lo escribe, aquí lo encontráis, y aquí lo transcribo.
“No existen sentencias absolutas ni verdades universales. Entre el blanco y el negro hay tantos matices de grises como ojos que miran. Juzgar a los demás es un ejercicio gratuito – por cada juicio paralelo puedes recibir condena de decenas de fiscales que apuntan hacia ti – pero como ciudadana que ejerce religiosamente su derecho al voto hoy toca denunciar.
Carezco de certeza acerca de quiénes son los buenos y quienes los malos – si es que existen y podemos categorizarlos de manera tan simple – pero he visto, oído y vivido demasiado para tener un criterio sólido y argumentado. Sé que el objetivo de muchos es colmar sus expectativas de poder y priorizan ambiciones personales por encima del servicio público.
Normalmente son los mediáticos que ensombrecen la labor de los anónimos – la gran mayoría, personas que se dejan la piel, tiempo para el ocio, momentos familiares e incluso dinero de su bolsillo persiguiendo la ilusión de mejorar las cosas –. Los todopoderosos – el aparato de los partidos – utilizan la buena voluntad de los ciudadanos honrados – bases, afiliados y simpatizantes – para seguir engrasando la maquinaria de sus intereses – tirando sin escrúpulos de manipulaciones y hasta amenazas si es necesario –.
Sé que el objetivo de muchos es colmar sus expectativas de poder y priorizan ambiciones personales por encima del servicio público.Ese aparato está constituido mayormente por funcionarios de la política y por escasos políticos de raza. El único mérito de los primeros consiste en ir escalando puestos del escalafón desde la sede de su barrio a base de dar certeras palmaditas en el lomo del que procede.
Jamás han tenido contacto con el mundo empresarial y su trayectoria profesional se limita a mantener a toda costa el cargo conseguido. También engrosan esta categoría los que en tiempos lejanos tuvieron madera y predisposición para aportar, pero descubrieron que nunca obtendrían en la sociedad civil iguales beneficios con tan mínimo esfuerzo y se pusieron la venda en los ojos para conservar prebendas a cambio de acatar despropósitos.
Frente a éstos, los políticos de raza aceptan desafíos, saben dar golpes de timón en tempestades, se crecen ante la adversidad y lideran las masas… LÍDER (esa palabra maldita entre los mandamases patrios): El que destaca dónde los demás no alcanzan, domina la comunicación persuasiva, genera energía y pasión, inspira e ilusiona al resto, consigue objetivos siendo fiel a principios y valores, despierta admiración entre afines y respeto ante adversarios, crea futuro asumiendo riesgos…
Si alguien con dichas cualidades posee además formación e independencia económica para dedicarse a otra cosa, criterio para analizar la realidad por encima de cegueras partidistas, personalidad para discrepar cuando los suyos lo está haciendo rematadamente mal y valentía para exponerlo ante la opinión pública sería un candidato valioso ¿verdad?
Pues lo llevamos crudo: En el sistema español actual estas raras avis están defenestradas, sancionadas o condenadas a no repetir en las listas. Y me despido con una duda razonable: ¿Utilizarían los demonizados las mismas artimañas que ahora combaten una vez alcanzado el poder para conservarlo?”
Como ya he mencionado en algún sitio (trampa eufemística para denominar Facebook, el lugar donde se dice hasta lo indecible), en mi experiencia como político, pequeño opositor en la oposición, pero político al fin, me he cruzado con portentosos combinados del desacierto, que deprecian la profesión, Nosferatus bien pagados de sí mismos, incapaces de ofrecer un mínimo de habilidades de gestión o formación curricular, sin experiencia en el ámbito privado, desde el cual es posible exportar casos de éxito, presión, sacrificio y recompensa. Por este lado de la bancada y por aquel. Y siempre, siempre, por mucho travestido literario, eché en falta la falta de valor en la asunción de riesgos. Sé que cojo las curvas cuadradas, que sin los Clash no existiría el mundo como hoy lo conocemos, que siento interés por los impuestos pigouvianos, y que el pavor mueve el mundo. Y que sin sinceridad, la vida es bazofia.
Espero que por expresar mi opinión no me encuadren como miembro activo de la Baader Meinhoff. No es eso, es libertad.