Abandoné ayer mi conexión a mi dashboard de wordpress prometiendo para hoy raciocinio, mesura y evaluación detallada de los hechos desde el paraguas epistemológico, teja científica que no permita la dilución de la pasión baja. Pues mentí.
Miento, y reinicio mi computación emocional en modo a prueba de fallos. Y hoy no encuentro válido el momento para abordar desde la templanza sucesos como la detención del presunto hijo de perra, presunta alimaña de estercolero, presunto asesino inmisericorde de Mari Luz. Patadas en la cara a la condición humana de esta jaez, suponen el abandono completo del oficio de la filantropía, y nos exculpan para que, al menos en un segundo, bombeemos el cerebro con sangre del corazón; el resto del año mantenemos los hemisferios a base de riego intestinal. Defender una tesis de pasión ha de prolongarse en el tiempo. No es útil ni clínicamente beneficioso embadurnarse el cabello de ceniza y resquebrajarse los ropajes. Que el volkgeist no nos domine. Una postura anexada a la emoción ha de encontrar su vínculo permanente con la razón. No puedo, hoy, lanzarme a la calle como integrante de tribunales populares (de tan incivil recuerdo en nuestro país), y solicitar la ejecución de ese desalmado. Pero si puedo, como medito y doto informativamente a lo largo del año, clamar por el endurecimiento real que invierte en barrotes, que conduce a los criminales a un pozo que, fíjate el desabrido que hay en mí, no me importa lo oscuro, húmedo y perpetuo que sea. Para mí ese agujero será preventivo siempre.
Frente al asesinato (terrorista, machista, pedófilo,…), existe un comportamiento generalizado de la sociedad a situarse rápidamente tras una pancarta a corear consignas oportunas (el jingle melódico siempre es el mismo, y las variaciones de la lírica son mínimas). El tiempo viene a mostrar que salir en la foto tras pedazos de tela o la suscripción con Montblanc de petulantes manifiestos son actos fútiles. Al igual de vacío que es el grito colectivo de “¡Todos somos fulanito!” o “¡Todos somos menganita”!. Sería estúpido por mi parte canturrear que yo, un pavo de 29 años, “¡También soy Mari Luz “! Esta niñita era un ser desvalido al que un cobarde segó la vida y la de su familia. Pero yo, al igual que tú, si podemos decir que Mari Luz podía haber sido nuestra hija, nuestra hermana, nuestra sobrina, y el dolor inflingido a lo que queremos es netamente superior al que sufrimos en nuestra propia sustancia.
Va siendo hora de decidir a que sociedad queremos pertenecer: a la del arranque de la bilis, para después apoltronarse a visionar como echan de Fama a Miguel, o a la que, sosegadamente, se aferra a la justicia humana el resto de su vida. Ahora, mi niña, descansa en paz: otros intentaremos que algunos no hallen la libertad en su puta vida.







Y yo me pregunto … ¿Por qué en este país está de moda la curación y no la prevención?
CADENA PERPETUA YAAAAAA!!!!!!!