Ahí va un Top Five, cinco que alivian el carboncillo diario. Quizá, sean vuestros condimentos también.
Gnals Barkley – Run
Futuro jingle publicitario, melodía de parrilla televisiva. Bailongo tema que gana enteros en la lonja del mercadeo discográfico gracias al cameo de Justin Timberlake, que va camino de erigirse en el golden boy de los figurantes de videohits.
Lori Meyers – Luces de Neón
“Papapapapaaaa…tendría que reconocer que no llevo razón”. El Darro Rock está en camino de destronar a sus monarcas perpetuos de designación planetaria, y coronar a estos chavales que con Cronolánea han decidido esconder sus pedaleras de amplificación y entregarse al pop de más refinada post-producción. Algo de rock sureño, mucho de revólveres y Klaus Voorman, también de abuso de teclas negras en la línea Plastic Ono Band. Y letras tan epatantes como: “no me los toques más, o me corto las venas”. Pero no conduzco a la confusión; hay color e instantáneas Polaroid en su melodías.
Chencho Lebaniegos – Alegrías
Un músico getafense-gaditano al que conocí hace unos días, durante la entrega de premios a grupos locales en el certamen “¿Y tú qué tocas?” (enhorabuena a Los Jamones, punk rock inmediato, contundente y libre de grasas saturadas). Es Lebaniegos una de esas personas que destilan luz y espontaneidad ya desde el primer contacto, y la calidad humana la traduce en una obra musical de excepcional factura. Un tío muy interesante, veréis, un flamenco heterodoxo (que no disidente). Y eso que tocó con los principales pontífices de la pureza: Farina, Valderrama,…Ahora que prima la equiparación chusca del talento, el llamar “Maestro” a quien de verdad se lo curra, no está de más. Y Lebaniegos se merece tal apelativo.
Yael Naim – New Soul
Una seductora voz hebrea del año 78 (exceptuando patéticas excepciones que nos retrotraen a 1878, como pocos, somos buen pago los de esa escala anual. Canto como los seises sevillanos, lo que ocurre es que lo desconocéis. Afinad a Eustaquio, y os merodearé). Descubrí recientemente de forma casual a esta artista, y eso que le presto periódica atención a la producción cultural israelí. Generalmente, la patria de la Meir no se ha caracterizado por innegables talentos musicales (tampoco es que nosotros partamos el bacalao, crusaítos míos). Que si eurovisivas drags, que si tal Broza que no entra en mi jardín, o la ubicua Noa, que sin ánimo de desmerecer su talento, no formará parte de mi lista de reproducciones favoritas del itune. En Naim algunos verán cierto parecido con la susodicha Noa (además de físico), pero aporta matices más dulces, eso que llaman cool, menos raciales debido a que calza sandalias genuinamente jóvenes y no pisa con el pie descalzo. Es la bifurcación lingüística que tomo para señalar que Yael Naim, al menos para mí, tiene futuro.
Irakere – Taka-taka-ta
Adaptación más rumbera si cabe de la que los españoles reinterpretamos cuando bebemos de la emoción. Ya tú sabes, mi amor, para temblar las entrañas y espantar a los Orishas oscuros. Una joya metálica muy bestia, y que no necesita netol. Siempre brilla. ¡Que taka taka taka – taka – tá!
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