Me postulo a exiguo en el discurso, pincelando dos extracciones del tiempo vivido en mi semana del cambio y la ilusión, que aún sonando a eslogan político, es más ni menos que mi rumbo personal, que avanza tranquilo, venerando a su Astarté cotidiana, y desfaciendo entuertos en un nuevo canal laboral motivante.
Jueves. Acto de conmemoración en el Teatro García Lorca, por sus diez onomásticas, ahí están, una detrás de otra. Tabla donde disfruté de Galiana, Bassi, Farruco, los Monty ibéricos, Pitingo, Valdés, y el otro día de Lobato y Diego Carrasco a lo lírico. Y lo que queda por saborear. En suma, un jolgorio intelectual deslucido por una extemporánea amateur movie, que restó importancia a las voces declamadas sobre esta beatífica tarima. Un conato de rebelión popular, que trastornó discursos oficiales, y una certeza: el público se impacienta, y no se le ha de hacer esperar. Lógico. Y una disonancia que manifiesto respecto a la concepción del templo de la palabra. Para el Concejal de Culturbanismo (dos carteras locales, cultura y urbanismo, fundidas en una persona), el Teatro no sólo sirve para representar, sino también, vine a entender tras el revestimiento dulce del discurso, un lugar donde los políticos se (nos) montan merendolas de rumores, los sindicatos proclamas incendiaras apagadas por la superestructura, y otros tantos gritar al público entregado que viene a escuchar lo que ya tiene memorizado. No. No creo que sea eso. El Teatro es para difundir arte, esa sangre aún no mancillada por la sociedad de la prisa, y mientras sea libre, libres nos hará. El teatro para que cada cual, en su derecho de mandar de la piel para dentro, clasifique el orden de cosas de esta descocada existencia. El hogar donde el ser es, sin necesidad de que el divismo de las siglas lo ordene.
Viernes. Primer round de Electric Weekend Getafe. Iggy Pop y los Stooges, como siempre, buscando y destruyendo, y ganándose el respeto tanto en lo musical como en lo físico (un sexagenario que, diré una maldad, cada día me recuerda más a Juliette Lewis). Offspring, divertidos, competencia, pulcritud y vuelta al hotel. Estos tíos son profesionales, tanto que tiran de Solan de Cabras y no de Budweiser. Rage against the machine, potencia que camuflan en gilipolleces en la escenificación inicial. Y aquí sé que me gano palos a mansalva, pero considero casi insultante el pinchar La Internacional en plan épico. Si voy a un concierto y escucho el Horst Wessel, me llevan los diablos, y me voy. Y después de esa aburrida y lobotomizadora experiencia de pretender convertir la explanada del concierto en la más tétrica y gélida evocación de la Plaza Roja de Moscú de los años de hierro, recogí los bártulos de igual forma. Que lástima de hacer la ira un estilete de instrumentación ideológica.
Joder (¡elimínenos lo näif, y muerte al jopetas y al jolines!), otra vez que tiro la brevedad por el retrete. Sí es que como el otro día, no puede ser.
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No pude estar ayer pero hoy si veré a Metallica. Por fín algo bueno en Getafe de música, que parece que sólo hay fútbol. Desde el PP deben apoyar este tipo de iniciativas.
¡Viva la CIA!
¡Viva la economía!
¡Viva el mal!
¡Viva el capital!
Fue la primera vez que vi a Metallica, pero pueden estar seguros de que no será la última.
Metallica Power!!!!!!!!!
Por cierto, estoy de acuerdo con su comentario sobre Rage Against the Machine. Yo voy a un concierto a pasarlo bieny a escuchar música, no me gusta que hagan política.
Apreciado/a “Metallica”,
Estoy plenamente de acuerdo con usted: este tipo de eventos engrandecen la ciudad, y contribuyen eficazmente a la cultura (que esto es cultura del siglo XXI, si alguien alberga dudas al respecto). Y en cuanto al apoyo del PP local, le remito, por ejemplo, a:
http://getafe.mobi/2008/05/20/el-pp-getafe-demanda-al-gobierno-municipal-mayor-prevision-y-coordinacion-en-la-programacion-de-conciertos/ . El que denunciemos la contraprogramación de actos musicales no significa que estemos en contra de ellos.
Y ahora le confieso. Personalmente, y hablando en plata, el Electric Weekend ha sido un “pelotazo” descomunal, y tal vez debido a mis querencias para derrotar por la distorsión de las Gibson, lo he pasado como un niño chico. Y si miles de jóvenes y no tanto de Getafe han disfrutado como yo, no podremos estar en contra de eso ni ponerle palos a las ruedas del desarrollo cultural de la ciudad.
Un cordial saludo.