Mi empeño con la disciplina musical pueda provocar en ti, amantísima amapola, el vislumbrar que mis inquietudes culturales no ven luz más allá de los trastes y el mástil. Nada más lejos de la realidad. Pero caro bambino, entiende que ahora es la época del año donde los conciertos brotan sin control, y que, ejecutando la labor fiscalizadora que me compete como responsable de Cultura del Grupo Municipal del Partido Popular de Getafe (título tan largo no me cabe en la chapa, just call my name), haga de visitador (sin Pantaleón) de los festivales en los que el ayuntamiento de Getafe mete el pie. O la pata.
Del Electric Weekend, como susurraban los Kinks: nada que decir. Ya quedó todo afirmado, e incluso transmitidas a viva voz las felicitaciones al Concejal de Cultura. Del Festimad, lo que sospechaba; que nos ponemos la zancadilla a nosotros mismos, apretándonos la soga en actitud culturalmente suicida. Después de pasar el fin de semana en los burladeros de la Cubierta, comprobé la excelsa propuesta de la biodiversidad proclamada por los organizadores, desde el rapsoda urbano Chojín, los (a mi pesar) castañas pilongas de Emir Kusturica y colegas (¡qué oposición diametral entre el uso de la guitarra y la claqueta!), y los inclasificables Linkin Park, que abarrotaron el coso como un José Tomás distorsionado. Ahí, en el Festimad, el Ayuntamiento de Getafe suelta el parné, pero después da la espalda, sin ningún apoyo y muestra de afecto institucional. Que el cariño no se demuestra con pomposas declaraciones en hinojos, sino en besitos y arrumacos cuando se tienen que dar.
El mismo día que los Park reventaban con su metal Core la deficiente estructura decibélica del recinto, Extremoduro impartía su decálogo en Getafe. Me abstengo de opinar de la calidad de la puesta en escena de la obra de los extremeños. Pero me llevan los demonios, y ahí no me callo, el que se presentasen serios problemas en el acceso al concierto, embudos y engrudos incluidos, o que el dispositivo para aliviar la fluidez del tráfico no fuese el usual, sino escaso, más pequeño todavía. Inexistente. Colapso en la estación de las Margaritas, sin detectar ni una gorra de plato de policía, y la lamentable descoordinación en la ejecución de un sistema de transporte público que facilitase la vuelta a sus jaimas de los espectadores. Será la falta de costumbre, por aquello de la sequía rock permanente que asola Getafe desde siempre.
Nota a pie de post: Yo mismo me sorprendo de utilizar esa palabra que es “fiscalizadora” y sus sucedáneos de sorbitol gramático. Cuanta pálida fatuidad concentrada en tan pocas letras. Que grafo tan altivo. Que no me gusta a mí, eso es.
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Pero atasco… atasco