Cosica, la cosica, cosica, la cosica. Internet.

La interactividad está en la picota (con lo ricas que están las cerezas).

Ciertos gurús defienden que la acción on line, las redes sociales, las plataformas de colaboración (activas desde el clásico foro, a pasivas como las redes P2P, puerto franco del conocimiento), arrastran sobre sí años de incontinencia expresiva, esquilmando las oportunidades que proporciona el medio y colocando al borde de la tontería los usos y costumbres de la gran Red. Hace no mucho tiempo discutía con el afamado Director de Trade Marketing de la más prestigiosa compañía española de Permission Marketing la prostitución continuada de Internet, y su futura muerte más o menos anunciada tal y como hoy más o menos lo conocemos. Pero al final, tengámoslo en cuenta, no es Internet más que una prolongación armada de un gran pedazo del pastel social: tanta libertad, heterogeneidad, pero la imposición de estructuras convencionales hasta el bostezo, generosamente regadas con falta de ímpetu y vocación deconstructiva, convierten la utilización de Internet en un mal gesto diario. Una mal entendida funcionalidad es el esquema vertebrador de lo que hacemos diariamente (funcionales son los sueños y la trinchera, no la siesta aburguesada en el diván). Lo chabacano se impone en nuestra vida, lo convencional se extiende como la pólvora, la carencia de facultades merma el día, transformándolo en un colgajo de apenas 20 horas, y claro, no iba a ser Internet distinto. El apéndice virtual de una existencia empobrecida por la amenaza de lo efímero.

¡Internet, camina o revienta! Revolución de cánones estéticos, y desdén perpetuo al grosero, al pedófilo en red y fuera de ella, y aunque me aproxime al sippenhaft, a todos los vástagos de lo hortera. Y si he de sumarme a lo convencional y funcional, me decanto por una buena fabada. Clasicota, contundente, frontal. También trasera. ¡Y que más da la canícula ante un cuadro tan digno!

Ingredientes:

3/4 Kg. de fabes de la granja
3 chorizos 2 ó 3 morcillas
150 gr. de tocino (panceta)
300 gr. de lacón
Azafrán Cebolla Sal Ajo Perejil

Modo de preparación

Poner a remojo las fabas, la panceta y el lacón la noche anterior.

En una cazuela proporcionada a las cantidades, se ponen las fabas, los chorizos, las morcillas, la panceta, la cebolla cortada en cuatro trozos, un ajo y el perejil atado; se cubren con agua fría y se ponen al fuego espumándolo cuidadosamente.

Cuando empiece a hervir se ponen a fuego lento un poco destapadas.

Se cuidará que siempre estén cubiertas de agua, pero nunca excesiva, añadiendo de vez en cuando agua fría en pequeñas cantidades.

A mitad de la cocción se le añade el azafrán.

Una vez cocidas (3 horas aproximadamente) se salan y se dejan reposar media hora, se les retira la cebolla y el perejil y se sirven en dos fuentes: en una las fabas y en la otra el “compangu”. Se aconseja dar un hervor al chorizo antes de echarlo a la fabada, para que esté menos grasienta.

Si lo desea puede echarle un trozo de tocino y así la hará mas suave.

Reblandeciendo el cerebro y el páncreas en el calor. Manténte incólume, empero.

Una respuesta

  1. ke rika la fabada.

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