Donde la espada pierde su santo nombre

Hace unos posts (que atípico escenario este, que calibramos el tiempo no en función de días, sino de parrafadas) clamaba para que Ken Follet pusiese fin a su yugo sobre mis lecturas. Cuando uno está leyendo una de sus obras, es deseo primario el poder volcar el solemne peso de la tapa de contraportada sobre [...]

Leo limones, leo limones. Ah, aah, Ah.

Hay gente que se empasta la boca con capa doble de intención, y cuyo Kempis es la idiotez. Hay individuos, por el contrario, que escriben su libro a cada minuto, que no se camuflan en haikus totuosos, sino que narran sin torsión su propia vida, como es el caso de Chris Stewart. Y no digo [...]